lunes, 8 de junio de 2009

Te das cuenta que no sabes escribir si no tienes un sentimiento miserable asolado en tu interior. Buscas y rebuscas, y no encuentras ninguno. Las palabras no brotan tan fácilmente como otras veces, y hasta incluso deseas sentirte mal para tener algo de lo que escribir. No encuentras nada, y miras al vacío.

Tic, tac.

El reloj hace que el silencio sea más duro de lo que es.

Piensas en una persona. Esa persona que te ha hecho cambiar tanto en las últimas semanas. Esa persona que te abraza como si fuera la última vez que te fuera a ver cada vez que se despide de ti.

Tic, tac.

El zumbido del ventilador te hace desconectar durante un minuto.

- ...
- Me haces muy feliz.
- ¿De verdad lo crees?
- Sí.
- Te quiero.
- Y yo a ti.

- Debería irme.
- Un último beso más.

Vuelves en sí, pero ese sentimiento de calidez sigue aprisionando tu pecho de manera muy confortable, como si te curara todas las heridas hechas por el sufrimiento, el dolor, las malas miradas.

Tic, tac.

El flexo parpadea. Te frotas la cara, y decides irte a dormir.

Cierras los ojos y una imagen aparece en tu cabeza.

Tú no te das cuenta, pero estás sonriendo.

Knock, knock, knocking on heaven's door.

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